Entre las celebraciones navideñas la de la Noche Vieja es excusa para desinhibiciones y excesos de bebida, comida y sexo. Especialmente para jóvenes y adolescentes, quienes esta noche cuentan con el beneplácito paterno para celebrar sus fiestas privadas, en las que se dan rienda suelta a los instintos y el desenfreno, propio de su edad. En demasiadas ocasiones, la juerga tiene consecuencias tan amargas como un embarazo no deseado.
La adolescencia puede ser el momento en que comienzan las relaciones sexuales. Si los padres han hablado con ellos de anticonceptivos y de los riesgos del sexo, y si lo primero que queda claro es el medio que se va a poner para evitar el embarazo, el descubrimiento del sexo, por otra parte, totalmente saludable, no tendrá repercusiones traumáticas e inesperadas.
Entre la gente joven el mejor método puede ser el condón o la píldora anticonceptiva. Nunca se debe confiar en la suerte y pensar que “a ti no te va a pasar”. Todos tenemos que ser responsables de nuestro cuerpo y elegir cuándo queremos tener hijos y cuándo no.
Nunca se debe introducir el pene en la vagina, ni un poquito, sin usar, preferiblemente un condón, u otro método anticonceptivo. Algunas jóvenes suelen pensar que para que se produzca el embarazo es necesario que el chico introduzca el pene en la vagina… no es cierto.
Muchas chicas confían en sus parejas, porque ellos les dicen que pueden “controlar” sus eyaculaciones. Controlar no es tan fácil como parece. En el momento de mayor excitación el chico puede eyacular sin poder evitarlo. Además, el chico expulsa un líquido acuoso (“líquido seminal”) antes de la eyaculación, que puede contener espermatozoides. Por tanto, hay riesgo de embarazo.
La protección también es imprescindible para evitar el contagio de enfermedades de trasmisión sexual. Nunca se piensa que la persona que tienes delante, tan atractiva, tan amable, tan saludable, pueda contagiarte alguna enfermedad. Muchas veces ni uno mismo lo sabe. Por tanto, en cualquier caso, sin excepción, cuando no se tiene claro el pasado sexual de la nueva pareja, siempre se debe usar el condón, siempre.
¿Qué importancia se debe dar al hecho de no tener orgasmos? Las mujeres no son como los hombres en lo referente al orgasmo y para ellas no parece ser una necesidad universal para disfrutar del coito, aunque esto varía enormemente de unas mujeres a otras. Los hombres en general consideran que el coito sin orgasmo es como jugar un partido de fútbol con resultado 0-0. Pero las mujeres pueden disfrutar del partido aunque no se produzcan goles.
El orgasmo es una experiencia que admite muchas variedades. Cuando ocurre puede ser muy distinto cada vez incluso en la misma mujer. No conocemos los motivos de la existencia del orgasmo. Puede actuar como un refuerzo de las sensaciones placenteras y por tanto animarnos a repetir las relaciones sexuales con la pareja o incluso para nuestro único disfrute. Ser consciente del propio cuerpo y sus respuestas sexuales es algo fundamental para que se produzca. Sea cual sea la razón de la existencia del orgasmo la verdad es que para muchas mujeres es motivo de gran preocupación. Se ha demostrado que la terapia sexual en estos casos es muy útil.
¿Cuáles son las dificultades más comunes del orgasmo?
La incapacidad continuada para alcanzar el orgasmo después de una estimulación sexual apropiada puede ser algo muy preocupante para una mujer y su pareja, especialmente si el orgasmo es la meta de sus relaciones sexuales. La mujer puede experimentar sentimientos de fracaso e inseguridad y también puede llegar a enojarse con su pareja recriminándole que le ha fallado de alguna forma.
Las dificultades para alcanzar el orgasmo se pueden clasificar de la siguiente forma. Pueden ser primarias (aquellos casos que nunca han tenido un orgasmo) o secundarias (han alcanzado el orgasmo anteriormente pero luego ha surgido la dificultad), esto puede ser debido a una situación temporal. La incapacidad primaria para alcanzar el orgasmo es relativamente común y se da con más frecuencia en las mujeres jóvenes aunque esto no significa que son las únicas que la padecen. La capacidad para sentir el orgasmo se va incrementando con la edad y una vez que se ha aprendido raramente se olvida. Circunstancias como las derivadas de emociones negativas y enfados no resueltos pueden afectar negativamente la capacidad y facilidad de una mujer para alcanzar el orgasmo. Igual que la excitación sexual el orgasmo (o la conciencia del orgasmo) puede sentirse en el cerebro (cognitivamente) además del cuerpo.
¿Qué factores pueden influir en las dificultades para alcanzar el orgasmo?
Una mala comunicación sexual, la ignorancia y el miedo, la escasa o inapropiada estimulación sexual, las dificultades en la relación, las experiencias sexuales traumáticas en el pasado, los problemas psicológicos, como la depresión u otras enfermedades mentales, y un estado físico debilitado en general pueden contribuir a que una mujer tenga problemas para alcanzar el orgasmo.
Ciertas condiciones médicas que están relacionadas con el riego sanguíneo y las terminaciones nerviosas del clítoris también pueden estar implicadas en la pérdida del orgasmo. Actualmente se está llevando a cabo investigación médica en este campo. La incapacidad de “dejarse llevar” y permitirse sentir el orgasmo podría contribuir. Las causas de esto podrían estar en el entorno social que impide la expresión biológica del orgasmo (una casa / habitación pequeña compartida con otros miembros de la familia).
Fuese cual fuese el motivo de los problemas que llevan a la mujer a tener dificultades para sentir el orgasmo, sean físicas, psicológicas, sociales o relacionados con su entorno, los efectos sobre la mujer pueden ser muy angustiantes tanto para ella como para su pareja. Además puede tener un efecto profundo sobre su capacidad de funcionar en otras áreas de su vida y llevarla a una crisis en la relación de pareja y en su vida familiar.
Las dificultades sexuales son reales, no son problemas imaginarios y por tanto requieren soluciones reales que se deben buscar para poder superarlas con éxito. Médicos y psicólogos especialistas en sexualidad deben ser consultados.
Los textos utilizados para esta serie de artículos sobre las disfunciones sexuales femeninas han sido extraídos de www.salud-sexual.org la página oficial de la Asociación Española para la Salud Sexual, en donde se puede encontrar más información fiable sobre sexualidad, tanto femenina como masculina. Es posible hacer consultas vía e-mail o a través de un teléfono de atención directa.
Hay muchas razones por las cuales el coito puede resultar doloroso. Asimismo existen diferentes tipos de dolor que pueden darse durante las relaciones sexuales. Los médicos utilizan la expresión dispareunia para referirse a las relaciones dolorosas. Este dolor puede ser profundo o leve dependiendo de la localización del dolor. Las causas de uno y otro pueden ser diferentes.
Si el dolor es profundo durante el coito, las causas, entre otras, pueden incluir diversas enfermedades inflamatorias del aparato ginecológico, infecciones del tracto urinario, falta de lubricación o alguna infección de transmisión sexual sin tratar como la clamidia. También puede ser la consecuencia de una cierta postura durante el coito ya que algunas permiten una penetración mayor. Si el dolor es leve tiene también muchas causas y es más común. Las mujeres no suelen acudir a su médico para tratar este tipo de dolor superficial y esperan que se resuelva solo. A menudo sirve como motivo para evitar las relaciones sexuales, lo cual puede dañar la relación a la larga. Es cuando se llega a este punto que la mujer decide buscar ayuda. Los síntomas pueden ser el escozor o ardor, y la zona puede estar inflamada e irritada, aunque no siempre es el caso. Sea un dolor profundo o leve debe consultarse con un profesional para buscar la causa orgánica. Algunos dolores vaginales pueden deberse a las fibras nerviosas en sí que no son visibles. Este dolor puede también sentirse en otros momentos además de durante el coito, e incluso durante actividades diarias como caminar, hacer footing o montar en bicicleta. Cualquier problema que afecte a la piel también puede afectar a la zona alrededor de la vagina como eczema, verrugas, psoriasis… Ciertas cremas muy perfumadas, jabones, y polvos de talco también pueden producir irritaciones, igual que la intolerancia a los espermicidas y los condones de látex.
El dolor o el miedo a sentir dolor durante el coito puede a veces desembocar en vaginismo.
¿Qué es el vaginismo?
Vaginismo es lo que los textos médicos describen como “la contracción involuntaria recurrente o persistente de los músculos perineales que rodean el exterior de la vagina” o “el espasmo de los músculos que rodean la vagina causando la oclusión de su apertura y dificultando o imposibilitando la penetración del pene”.
La mujer que sufre vaginismo se siente avergonzada y sufre ansiedad. El vaginismo se puede dar por una variedad de motivos. Generalmente se considera una respuesta condicionada (que se ha aprendido) y que puede estar relacionada con la anticipación de dolor en el coito. Las reacciones fóbicas a esta anticipación de dolor podrían llevar a la mujer a evitar toda relación sexual.
El vaginismo se puede clasificar de la siguiente manera: vaginismo primario, cuando la mujer nunca ha experimentado la penetración vaginal; y vaginismo secundario, cuando la mujer ha tenido experiencia de penetración sin problemas pero lo ha desarrollado posteriormente. Las causas pueden ser muchas: la creencia que la vagina es demasiado pequeña, sentimientos negativos sobre el sexo y la sexualidad (que es algo pecaminoso), abuso sexual previo, traumas vaginales (como el parto o la episiotomía), condiciones dolorosas de la zona vaginal, un primer coito doloroso, problemas de relación, miedo a quedarse embarazada, creencias religiosas estrictas y un conocimiento escaso de la función sexual…
Tratamientos.
Existen soluciones efectivas para tratar el vaginismo. La mayoría incluye el tratamiento terapéutico por parte de un psicólogo o sexólogo. La terapia sexual ha demostrado gran efectividad. El tratamiento se basa en el principio de educación sexual y el uso de entrenadores vaginales.
Los entrenadores (dilatadores) vaginales están fabricados en plástico y son de cuatro tamaños graduados. Se trata de cilindros huecos con terminaciones redondeadas que permiten llevar a cabo el tratamiento de forma suave y progresiva. Se comienza utilizando el más pequeño y poco a poco se va subiendo el tamaño hasta que se consigue introducir el tamaño más grande fácil y cómodamente. Algunas mujeres no se sienten cómodas con estos aparatos y prefieren usar sus propios dedos para esta terapia lo cual es perfectamente válido. El índice de éxito es muy elevado.
Las razones psicológicas que dan como resultado el vaginismo deben ser tratadas. El énfasis del tratamiento no debe centrarse sólo en el espasmo vaginal, puede incluir técnicas de relajación, el uso de imágenes (imaginar una cierta situación), ejercicios de tipo pélvico y programas de entrenamiento cognitivo. El enfoque cognitivo tiene como meta reducir la ansiedad y reemplazar las creencias desarrolladas a partir de malentendidos sobre el sexo y la sexualidad, por otras que tengan una base anatómica, fisiológica y psicológica. Trata de corregir suposiciones básicas e incorrectas que forman parte de los sentimientos erróneos que muchas personas tienen sobre el sexo.
El programa de tratamiento se hará a medida de que cada paciente y sus necesidades. El terapeuta le explicará cada paso, su papel es el de facilitar y guiar a la mujer para que se implique en su propio tratamiento, para que eventualmente pueda tomar el control de su propio cuerpo.
Las necesidades de las mujeres en el campo de la sexualidad se están dando a conocer, aunque de forma lenta, y empiezan a ser un campo legítimo de investigación, estudio y tratamiento. En la actualidad existen profesionales cualificados que pueden informar y ayudar a detectar y afrontar disfunciones sexuales. En este caso nos referimos a las disfunciones sexuales que, en términos generales, generan problemas de insatisfacción sexual a las mujeres, a saber, dificultades en el deseo, la excitación, el orgasmo y el dolor asociado al coito. En esta edición trataremos diferentes cuestiones relacionadas con la pérdida de deseo sexual en las mujeres.
Pérdida o disminución del deseo sexual.
El deseo sexual es una fuerza biológica que nos hace buscar al otro y actuar de forma sexual. Un 30% de mujeres no tienen ningún tipo de deseo sexual. Algunas mujeres pueden sentir la falta de deseo en ciertos momentos de su vida, por ejemplo durante el embarazo y el parto, la lactancia y la menopausia; o durante periodos de crisis, de cambios bruscos en sus vidas, o de enfermedad. Para otras esta situación puede volverse crónica y causarles un gran malestar.
Las señales son la falta de interés en iniciar o participar en actos sexuales, falta de receptividad a la actividad sexual y la ausencia de pensamientos sexuales o fantasías. No se pierde la necesidad de ser abrazada y sentirse querida, sino más bien, el interés por el coito se ve reducido o desaparece por completo. Esto puede causar problemas dentro de la relación ya que la pareja se puede sentir rechazada o abandonada.
Causas de la pérdida de deseo sexual:
El deseo no es algo estático y, por tanto, va cambiando con el tiempo. Existen muchos motivos por los cuales se puede perder el deseo sexual, puede deberse a un problema físico o psicológico, o una combinación de los dos. Algunas causas físicas que pueden dar como resultado la pérdida del apetito sexual son las intervenciones quirúrgicas, desarreglos hormonales y ciertas enfermedades como la diabetes, cardiopatías, esclerosis múltiple, enfermedad de Parkinson y la depresión.
Otros factores psicológicos y/o personales que pueden afectar al deseo sexual son: cambios en los métodos anticonceptivos, el cansancio, el estrés, cambios en el estado de ánimo, como la ansiedad, por obesidad, o por una mala imagen del propio cuerpo. Así como por dificultades en la relación con la pareja, por episodios sexuales traumáticos en el pasado, o por el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y drogas. La falta de tiempo y oportunidad para la intimidad también pueden provocar una pérdida del deseo sexual. También se puede deber a algo tan simple como el aburrimiento y el exceso conocimiento de la rutina sexual, o algo en la pareja que produce rechazo (el olor corporal, el no afeitarse o, incluso, tener las uñas sucias).
Cómo tratar la pérdida de deseo:
Toda mujer tiene una serie de circunstancias únicas que le pueden hacer perder el deseo sexual. De la misma forma el tratamiento también debe ser individual y pensado para cada mujer y sus necesidades. No existe ningún tratamiento que sea válido y efectivo para todas las mujeres, por tanto, un buen conocimiento de la naturaleza exacta del problema es fundamental para poder tratar a cada mujer. Si estás en una relación y tienes pareja puede ser una buena idea que la pareja acuda también a las sesiones de terapia. Siempre que sea posible el tratamiento debe incluir a la pareja. Esto hará que te sientas apoyada y te ayudará a comprender que no lo estás haciendo todo tú sola. Si no tienes pareja podrás igualmente seguir el tratamiento sola.
En principio se necesita una historia clínica detallada que incluya el aspecto médico sexual y social. Esto puede ser embarazoso en un primer momento ya que tendrás que comentar temas íntimos con un extraño, pero en cuanto la consulta avance te sentirás más relajada y empezarás a comprender la importancia de estas preguntas. Dependiendo de la persona que consultes y del tipo de problema puede que se te haga un reconocimiento (con tu consentimiento) y se te extraiga una muestra de sangre, un análisis de orina o te midan la tensión arterial, para revelar posibles enfermedades relacionadas con la disfunción sexual.
Los diferentes tratamientos pueden variar según el experto que consultes, pero, en casi todos los casos, habrá una terapia sexual. La terapia sexual ayuda a las personas a aprender sobre su cuerpo y sentirse a gusto con él y con las sensaciones que puede hacerles sentir. Se trata básicamente, de corregir las ideas o creencias básicas (incorrectas) sobre el sexo que muchas personas tienen. La terapia ayuda a cambiar sentimientos que se quieren cambiar y a aceptar aquellos otros que se quieren aceptar. La terapia sexual se lleva a cabo en un ambiente de apoyo en el cual la persona, o la pareja, puede hablar libremente sobre los asuntos de la relación sexual y emocional con un profesional que tiene una formación y conocimientos específicos y se siente cómodo tratando temas de la sexualidad humana.
Para empezar el terapeuta te hará muchas preguntas sobre tus problemas y como te afectan a ti y a tu relación. Puedes empezar con diferentes tipos de programas ya que todos ellos tienen como objetivo diseñar un marco para que puedas aprender más sobre cómo tu cuerpo responde sexualmente y sobre tus sentimientos. Te darán mucha información sobre porqué comienzan los problemas sexuales y las causas más comunes. Si tienes pareja quizás podréis iniciar un programa juntos. Este tipo de programa incluye una serie de caricias sensuales que se deben hacer en casa de forma tranquila y siguiendo el ritmo de cada uno. Están diseñados para ayudar a mejorar la comunicación tanto sexual como no sexual en la pareja. No se te pedirá hacer nada con lo que no te sientas cómoda. La terapia sexual ha demostrado su utilidad en todos los tipos de disfunción sexual femenina.